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Mostrando entradas de agosto, 2023

Nacimos enterrados

Nacimos sin poder ser, nacimos con la vida muerta viviendo otras vidas.  Nacimos por dentro ,  sin salir. Nacimos queriendo vivir  sin poder hacerlo.  Somos la imaginación  de alguien que nunca es. El será otro día que nunca llega. Somos en el pensamiento  de lo que no somos.  Somos ese se le pasará, que nunca pasa. Somos así, inertes. Nacimos encerrados  sin salida. Odiados por todos, descartados, invisibles, olvidados, incomprendidos  cuestionados. Y sí queremos, y no podemos.  Y se acaba la vida, y se acaba el tiempo, que se va, en la espera  de atrevernos a la nada.  Y se acaba la esperanza,  de salir, de ser,  de agradar. Somos los inflorecidos, los inatrevidos, los desperanzadores. Los que siempre están de relleno... Somos la resignación, la decepción. Lo que no importa y no aporta. Nacimos, vivimos y morimos sin gloria. Nacimos y morimos enterrados.

Desemprimirse

Asfixiada de ira ansiosa quiero caminar en círculos hasta desgastarme. Gritar ó consumirme como un fósforo que me calcine, ó tragarme a mi misma de un solo bocado. Enterrarme a palazos y desaparecer arrastrada hasta el fondo.  Hundir mi mano en mi estómago y sacarla, sacarla, sacarla hasta que se despegue, y empujar el aire hasta los alvéolos o taponearlos hasta reventar. 

¿Qué has escrito?

He escrito demencias sensatas derretidas, pensamientos muertos abortados en letras, sueños despiertos que duermo a rimas  y el pasado borrado en un papel perdido. He escrito un futuro que no llega facturado en tinta, escrito hasta que se acaba.  Mis hijos antes de nacer, mis otras vidas, existidas en mis neuronas. Verdades inventadas que nacen en el verso,  mentiras reales reveladas en estrofas. He escrito el dolor indomable que no calla llorado en un poema, he escrito la ilusión para perderla  en la ridiculez reflejada en mi poesía.   He escrito mis secretos, escondidos  en vocales que con intención no se entienden, y el vacío de mi estómago en un libro hueco.   He filtrado mi amor en papeles que laten  hasta que el corazón se cansa. He escrito la vida ocurrida, y la muerte suicida que calma mi depresión. He escrito todo y cuanto me falta, y no puedo parar, y aún no empiezo. Y es que a decir verdad, y la verdad me calla, si la misma pregunta me r...

Decisión en espiral

Bajaba las escaleras de caracol repetida en su mente hacia el infinito,  firme hacia su objetivo.   Cada paso multiplicado en descenso y sin descanso hacia el mismo comienzo, ese primer tramo desgastado por la pisada firme, segura de comenzar a bajar eternamente. Escalones sin polvo, de alto tráfico, transitados para no volver y repetidos para patiar la misma piedra, tropezada en las esquinas de la rutinaria decepción. Cansancio de caminar con la decisión en el bolsillo, que no se arrepiente, pero que se contiene en ella misma, presa de su desenlace. Bajar despacio o corriendo , arrastrada hacia un final que nunca llega, curvas que se regresan  enmarcadas en las mismas paredes agrietadas y añejadas de tiempo. Decisión tomada que se diluye al final de ese espiral interminable que sigo bajando en ejecución ausente, en peldaños de vida que se pierden, sin volver, para empezar de nuevo. 

Poetas muertos

Hay poetas que se niegan a morir  aunque el alma esté inerte  y la nada invada la musa  inexistente , clausurada.  Buscan por todas partes  que se quiebre la roca, que sangre un poro  minúsculo y por allí  se desangre ese algo, que prenda la pluma, que espese la tinta seca  y pinte un respiro.  Que empañe el vidrio  que refleja la imagen sin sombra, de algo que vive muerto,  y aún sin aliento, escribo.

No lo consultes con la almohada

Delatado por la profundidad de su mirada perdida en una realidad irreversible y con una almohada adherida a su cabeza, abrió la puerta de su estudio. La voz de su diagnóstico hacía eco en su mente confusa: “No dormirás nunca más”. Encontró la solución en la tercera gaveta de su escritorio, mientras su cerebro aturdido por la vigilia gritaba: “¡No te consultaré nunca más!” En un solo intento silencioso las plumas de sus angustias y el algodón de su conciencia intranquila salieron volando aniquiladas. Victorioso cayó al suelo en un sueño profundo, del cual no despertó, nunca más.

La esperanza de morir

Tengo miedo a galopar sobre los altos riscos, a encontrarme con el viento y cabalgar unidos, a divagar con hambre, a perderme. Tengo temor a olvidarme de mí y encontrarme conmigo, reventar las compuertas que contienen mis caudalosos instintos.  No puedo ser libre, porque en cada giro de libertad me tropieza la muerte. Porque persiguiendo la vida hay precipicios disfrazados de zancadillas. Prefiero respirar cuando es preciso, y aceptar los minutos inmóviles que no se detienen, congelados, con instrucciones.  Debo permanecer en este espacio vacío, mientras mis ojos envejecen de tanta represión, de tanta emoción de estreno. Estoy clavado en el infinito hastío, hasta que mi final sea predecible y seguro. Estoy domado, mucho tiempo ha pasado ya,  y la verdad es que todavía tengo la esperanza de morir. Este temor a la vida, esta prisión voluntaria me mantiene vivo. Tengo miedo a abrir la puerta y no verme pasar. Tengo miedo a liberarme y que ya esté muerto. 

La verdad en un sorbo

Con taza en mano y en un sorbo, se cuela impertinente el sabor a soledad, para aguar la fiesta de ese capricho de aroma que rompe el ayuno. Veo la tasa desparejada,  imagen que se repite ante el tenedor y la cuchara. La misma del sofá, la mesa, la lámpara. Me digo que no es cierto, esto que no es nuevo, este disfraz que se devela claro ante mi como si nada. Entonces subo a buscarte, todo está igual. Soy yo por todas partes y entiendo que no es nuestra. Es mi cama, mi espejo, mi televisor. Míos por derecho. Y aunque te vea absorto en la pantalla, es igual, eres otro sillón desparejado,  que no aparece en la agenda,  ni en los planes futuros, ni en la risa, ni en las preocupaciones, ni en la complicidad de un te quiero.Estas en esa ausencia que no parece alterarse cuando estas presente. Debería llorar, buscarte adentro donde tampoco estás, expulsarte, saborearte en cada lágrima y revertir todo esto que se derrama inevitablemente ante mis ojos. Gritar, enojarme, darte una ca...

La castrada

Quiero desnudarme hasta la mujer, perderme en las transparencias y encajes de un movimiento sensual, ser galería pública de mis atributos. Liberar mis gestos infantiles de niña eterna reprimida, despojada de la mediocre sexualidad femenina. Permitir que se filtren mis instintos de hembra, que llevan años sepultados en nombre de lo correcto, tragados y pisoteados para que no se asomen siquiera en mi forma de caminar y de reírme.  Con miedo a que mi piel expire, intento desesperadamente ser mi propia crítica de mujer barata de cerebro vacío.  Lo planifico sujetada con firmeza en la cima de siempre, antes de resbalar en ese tobogán amoral de fémina sin censura. Sola, me veo en frente de mí misma e intento sacudir mi cabello en una sesión provocativa, sexy expresión de ojos, labios, cuello.  Pero no puedo, encadenada a la pequeña estaca, siento que la nada se burla, mis ojos prejuiciados se avergüenzan de verme y me convenzo de que aún no sé cómo hacerlo. Estoy castrada, soy ...

La última partida

 Nos despedimos con un beso.  Abrí mis ojos abiertos y estaba en el primer semáforo, el aroma a feromonas seguía flotando por mis venas y la película de mi pecado se delataba entre mis labios con una sonrisa involuntaria, en un éxtasis que no terminaba de irse. Reaccioné a cornetazos, y con un seis de la tarde explotó mi burbuja roja y sexual para derramarse en  adrenalina negra de terror. De quince minutos dependía mi historia. Repasé la conocida secuencia, no podía fallar:  subir la escalera , abrir la ducha, esconder la ropa.  Las llaves temblaban enemigas sin acabar con mi agonía , ganarle a ese minuto eterno garantizaba mi paz. Logré abrir la puerta, pero la mirada de su chaqueta verde anticipada acabó con el juego. Aún así gateé disminuida ensuciando los escalones, vomitada de miedo, y ejecuté mi plan por respeto a esos quince años. Mientras lo espero, miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando m...

Sobre mi cumpleaños

 Abrir la puerta de mis ojos todos los días y no saber quién soy, extraña de mi misma porque así lo elijo.   Escoger el color de mis gustos y redibujarme frente al espejo, mientras me cambio la ropa de mi historia y tiño mi personalidad con el tono que me define hoy.   Y así, escribo una lista de mi carácter con lo que seré y dejaré de ser durante la jornada.  Caminar y abrir la puerta que se me antoje ye escojer la oportunidad de quien quiero ser,porque decidí que todas están siempre abiertas.   Inventar vivir muchas vidas,porque me dije que no debía ser siempre yo, que somos muchos de mi misma, que borro mi existencia y la reinvento a voluntad,  y creo para mí muchos tiempos.  Que no hay regla me que me obligue a seguir una línea recta de la vida, construida con un morral de lo que voy viviendo, sino que lo utilizo para regar mi nueva siembra.   Que puedo preparar una matriz y saltar al pasado y al futuro de lo que no existe ...