La verdad en un sorbo

Con taza en mano y en un sorbo, se cuela impertinente el sabor a soledad, para aguar la fiesta de ese capricho de aroma que rompe el ayuno.

Veo la tasa desparejada,  imagen que se repite ante el tenedor y la cuchara. La misma del sofá, la mesa, la lámpara. Me digo que no es cierto, esto que no es nuevo, este disfraz que se devela claro ante mi como si nada.

Entonces subo a buscarte, todo está igual. Soy yo por todas partes y entiendo que no es nuestra. Es mi cama, mi espejo, mi televisor. Míos por derecho.

Y aunque te vea absorto en la pantalla, es igual, eres otro sillón desparejado,  que no aparece en la agenda,  ni en los planes futuros, ni en la risa, ni en las preocupaciones, ni en la complicidad de un te quiero.Estas en esa ausencia que no parece alterarse cuando estas presente.

Debería llorar, buscarte adentro donde tampoco estás, expulsarte, saborearte en cada lágrima y revertir todo esto que se derrama inevitablemente ante mis ojos. Gritar, enojarme, darte una cachetada para probar  que nosotros seguimos vivos. Pero solo encuentro polvo, y una imagen vacía recreada  a diario para no aceptar lo que se desdibuja sin espasmos ante este café con sabor a verdad.

Decido disfrutar de mi último sorbo, y ocurre la desdicha del placer vetado, donde te encuentro, en la gota inexistente, cuando me doy cuenta que no queda nada. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dueña de mi tiempo

Con ganas dramáticas

Todo es mentira