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Mostrando entradas de diciembre, 2024

No quiero tus sobras

Hablar con lo que queda de ti,  comer las sobras frías. Llegar a la última función, la del cansancio. No hay humo en el plato  cuando llega a la mesa. Hablar con lo que queda de ti, es aún más triste que la ausencia.  La mala imitación,  barata y decadente, que viene a trabajar agotada.  Hablar y no encontrarte más,  porque ya te fuiste, lo sé. Y el doble que me dejas, que parece,  que aparece a pasarme la mano, esa ilusión que veo por detrás, y que muere al detallar el rostro, no la quiero. Quiero el horario estelar,  la marca original,  la emoción de la primera, lo auténtico, eso que ya tuve.  No disfruto tu versión mediocre que llena el vaso a medias. Agarra tu máscara y recoge los bordes mordidos.  Que prefiero el ayuno de las horas que sean,  alimentar solo el alma, con el recuerdo verdadero.  No quiero romperlo,  con esta chatarra,  que me llenará hasta olvidarte,  hasta detestar, las sobras. 

Sobre esta obsesión

Te pierdes, te pierdes en ese pensamiento que se sienta en el sillón de tus neuronas, se instala a tomar café. Una visita maleducada, grosera, que se queda a dormir sin permiso.  Dejas de ser, por instantes casi eternos, dejas de ser y eres solo eso que te asfixia a segundos, uno a uno, uno a uno, uno a uno; desesperante hormigueo vacío del estómago que grita, grita, grita y te atormenta con una voz  atrapada, que te muerde muda porque no tiene cuerdas. Y no se va y no la tienes, no la tienes, pero no se va. Espirales de círculos infinitos de ideas fijas y recurrentes, blanco, negro, blanco, negro, blanco negro hasta el fin inexistente de la tortura.  Y allí te quedas, te quedas, te quedas, atrapada en las ansias de tener eso que no llega, no llega, no llega y no sale, aunque empuje, empuje, empuje suplicando que ocurra, para disfrutar de esa paz instantánea, casi orgásmica, cuando, como milagro luminoso de la vida, finalmente aparece.  En calma, en calma de suspiros...

Acepto y soy completa

Camino entre las grietas, permitiendo el terremoto que hoy derrumba los cimientos de mi vida, añejados y mal construidos.  Todo sucumbe ante mi, todo, como venganza de la vida. Piedras que estallan en mi yo, ahora convertido en Tao Te Ching. Emociones que atraviesan sin daño mi yo aprendido. Me quedo sin piso,  me quedo sin ramas, sin cielo, sin paredes,  así, en un suspiro inadvertido, pero me quedo. Acepto, como Lao Tse, para ser completa: vacío y quedo llena, inclino y soy recta, decaigo y me renuevo. Una vez completa, el mundo será mi hogar. 

Golpes de libertad

Hay golpes mortales que llegan cuando ya estás muerto. Derrotas ya perdidas y fracasos en lo que ya no importa. Disparos que no pueden acabarte tres veces, ni cuchillos por la espalda que te detengan. Y no, no estoy fuerte, es que ya no existes en mis respuestas. Hoy no lloro, ni me asombro, solo camino en calma a lo que ya hice de mi vida, atravesando esta lluvia, que no me moja y no me seca.  Adelanto más ligero, en el campo de las balas que no esquivo, aunque me alcancen, y permito agradecida la estocada final que me derrumba, hacia la libertad.