La última partida
Nos despedimos con un beso.
Abrí mis ojos abiertos y estaba en el primer semáforo, el aroma a feromonas seguía flotando por mis venas y la película de mi pecado se delataba entre mis labios con una sonrisa involuntaria, en un éxtasis que no terminaba de irse.
Reaccioné a cornetazos, y con un seis de la tarde explotó mi burbuja roja y sexual para derramarse en adrenalina negra de terror. De quince minutos dependía mi historia.
Repasé la conocida secuencia, no podía fallar: subir la escalera , abrir la ducha, esconder la ropa. Las llaves temblaban enemigas sin acabar con mi agonía , ganarle a ese minuto eterno garantizaba mi paz.
Logré abrir la puerta, pero la mirada de su chaqueta verde anticipada acabó con el juego. Aún así gateé disminuida ensuciando los escalones, vomitada de miedo, y ejecuté mi plan por respeto a esos quince años.
Mientras lo espero, miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin.
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