No lo consultes con la almohada
Delatado por la profundidad de su mirada perdida en una realidad irreversible y con una almohada adherida a su cabeza, abrió la puerta de su estudio. La voz de su diagnóstico hacía eco en su mente confusa: “No dormirás nunca más”.
Encontró la solución en la tercera gaveta de su escritorio, mientras su cerebro aturdido por la vigilia gritaba: “¡No te consultaré nunca más!”
En un solo intento silencioso las plumas de sus angustias y el algodón de su conciencia intranquila salieron volando aniquiladas. Victorioso cayó al suelo en un sueño profundo, del cual no despertó, nunca más.
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